domingo, 30 de mayo de 2010

Los tontos del "brote" y otros peores aún

Sí, Nicolás, sí, llevas razón cuando me dices: comparto los aluviones de críticas que califican de falsos, necios, ridículos, ignorantes y otros epítetos semejantes, a los mensajes que nos trasmiten desde el poder, de que a la crisis en España le aparecen brotes verdes; y la llevas, porque es la pura evidencia, que aquí no hay más brotes verdes hasta ahora, que los que nos ha traído la naturaleza en tan esplendorosa primavera.

Pero aprovecho para decirte que es infinitamente peor aún, que al amparo de la consabida crisis, haya aparecido un brote nítidamente fascista en determinado país de Europa, del que ya se ha hecho eco para emularlo, un aspirante a gobernante de nuestro país. ¿Qué a qué brote me refiero? En dos o tres días te lo diré, aunque si no te das cuenta enseguida de qué va, es mejor que te lo hagas mirar, porque eso querría decir, que tienes muy bajas las defensas democráticas y necesitamos mantenerlas muy altas para impedir, que un fascismo de nuevo cuño, se instale en España y en Europa so pretexto de la crisis.

sábado, 22 de mayo de 2010

Algunos apuntes sobre el evento de Tomelloso

Lo prometido es deuda, Nicolás. Te hablo del encuentro celebrado en Tomelloso el fin de semana pasado, si bien a título personal y no como delegado de La Otra Guadajara.

El manifiesto aprobado lo tienes en la página www.laotraguadalajara.net bajo el título Manifiesto de las Plataformas de la “España Olvidada". Léelo y así me ahorras comentarte su contenido. Sólo indicarte que los puntos seis y siete del manifiesto son los que hacen referencia a la problemática de las comarcas rurales de la España interior, entre las que se halla la nuestra de Molina.

El encuentro se desarrolló en un ambiente de gran madurez. En todo momento predominó el interés por encontrar puntos de coincidencia y de consenso. Si te fijas bien, verás que el texto no tiene un estilo determinado, sino que es el reflejo de las diversas propuestas que fuimos aportando unos y otros.

Existía mucho interés por parte de todos los asistentes en conocer las experiencias de todas las plataformas. Incluso las comidas y sobremesas se aprovecharon para ello. Al fin y al cabo, se trata de andaduras novedosas, sin precedentes en España, surgidas de forma propia en cada área geográfica, y existía cierta necesidad de conocer cómo funcionábamos en cada lugar y cómo nos las arreglábamos ante determinadas situaciones. Encontramos muchos puntos de coincidencia entre las plataformas: Movimientos abiertos, unitarios, apartidistas, reivindicaciones transversales, principalmente de infraestructuras y servicios, buena acogida y apoyo de la ciudadanía, muchas reticencias por parte de los principales partidos políticos y de las instituciones que controlan y tutelan etc. Todo casi calcado, a pesar de haber crecido cada movimiento a su aire.

El conjunto del debate nos ayudó también a darnos cuenta de todo lo que había de común y de diferente en nuestras propuestas.

A partir de la evidencia de los enormes desequilibrios y desventajas existentes en infraestructuras, servicios, desarrollo y oportunidades para las iniciativas privadas entre la España interior y el resto del territorio, en la que todos coincidimos y de constatar, asimismo, que ni antes, ni ahora con la democracia las fuerzas políticas y las instituciones no están haciendo nada por acortar esas diferencias, se pasó a profundizar más pormenorizamente en las problemáticas reales, que a mi juicio, se pueden agrupar en dos realidades paralelas y coexistentes, pero a la vez diferentes.

Por un lado, tenemos los grandes problemas de vertebración territorial, cuya solución exige la creación y/o modernización de redes terrestres de ferrocarriles y autovías principalmente, lo cual redundaría en beneficio directo de las ciudades y pueblos más habitados de la desatendida España interior, y mucho más aún, si esas actuaciones se complementan con otras reivindicaciones y proyectos de carácter universitario, hospitalario, instalación de empresas importantes, etc., que también llevan incluidas las plataformas en sus propuestas.

Por otro lado, nos encontramos conque dentro de esa España interior existe otra realidad específica y propia, la que configuran las comarcas rurales, entre ellas, la nuestra, cuyas necesidades son igualmente de infraestructuras, servicios y estímulos a las iniciativas productivas etc., pero que no siempre son las mismas que en las ciudades, sino mucho más básicas y que si no se solucionan con rapidez, será ya demasiado tarde para la tarea de fijar e incrementar población, que es el problema de fondo de todo el mundo rural de la España interior.

Nuestra provincia de Guadalajara es el mejor paradigma de que la vertebración de la nación y otras soluciones que demandan las capitales de provincias, hoy olvidadas, serían decisivas para esas poblaciones que las reivindican y las necesitan, pero no servirían, en cambio, para resolver a la par los problemas del mundo rural. Nuestra capital cuenta ya con todo lo que otras ciudades marginadas demandan y, sin embargo, ello no ha evitado la existencia de dos Guadalajaras antagónicas: la bien comunicada, que crece al amparo de la expansión de Madrid y la otra Guadalajara, la rural, la despoblada y olvidada, la que tiene comarcas como la nuestra de Molina con menos de dos habitantes por km2.

Sin embargo tengo que decirte, Nicolás, que he regresado del evento muy convencido de que no debemos crear barreras ni antagonismos entre unas y otras reivindicaciones de la España interior, aunque no sean las mismas siempre, sino hacerlas coexistir como se ha hecho en el manifiesto, a fin de poder ir uniendo a todas las plataformas existentes y que vayan surgiendo y crear un movimiento amplio, fuerte y capaz de luchar con eficacia desde la social civil para forzar a los partidos, a los gobiernos, a los parlamentos y al resto de las instituciones -incluidas las provinciales, comarcales y locales- a que dejen de echar la espalda a los problemas de fondo que necesitan resolver las gentes a las que representan -aunque muy mal por ahora- y se impliquen de una puñetera vez en solucionarlos.

No quiero acabar esta carta, Nico, sin agradecer la extraordinaria hospitalidad y atenciones de los compañeros y compañeras de Tomelloso que han tenido en todo momento con los asistentes al evento. Creedme, sois muy buena gente.

viernes, 14 de mayo de 2010

Te informaré al regreso, Nicolás

Al momento de escribirte estas líneas, Nicolás, tengo ya la bolsa de viaje preparada, ligera de ropa y cargada de ilusiones, para marchar hacia Tomelloso formando parte de la delegación de La Otra Guadalajara, que va a acudir al primer evento de carácter nacional de plataformas y movimientos ciudadanos de la olvidada España interior, que se va a celebrar este fin de semana.

Te recuerdo a vuela pluma -llevo prisa- algunos rasgos acerca del contesto en que se celebra este evento.

Se celebra, después de siglos de historia en que la España rural interior ha sido permanente desatendida por los políticos y ha perdido todos los trenes del desarrollo y del progreso que han pasado por delante. Sus consecuencias están a la vista: tremendas carencias de infraestructuras, de servicios, de desarrollo y una gran despoblación.

Se celebra, tras ser marginada de los sucesivos planes de desarrollo que han venido teniendo lugar en nuestro país desde los años sesenta.

Se celebra, tras seguir siendo olvidados, a pesar de la llegada de la democracia, por las dos tendencias políticas que han gobernado España, que han preferido mirar para otros lados de mayor rentabilidad electoral.

Se celebra, tras estar hartos de ver la sumisión del conjunto de las instituciones nacionales, regionales, provinciales y locales a los intereses partidistas y cómo pasan del que debía ser su esencial deber: atender los principales intereses de la ciudadanía que los ha votado.

Se celebra, cuando la sociedad civil ha empezado a despertar desde hace un tiempo en distintas áreas del basto territorio de la España interior y ha iniciado movilizaciones reivindicando lo que necesita y en justicia le corresponde. Cuando plataformas y movimientos como Teruel Existe, Soria Ya, Plataforma Ciudadana de Zamora y otros que han ido surgiendo, entre ellos La Otra Guadalajara, han empezado a decir: basta ya.

Que hayan surgido estos movimientos y que, además, por primera vez a lo largo de la historia celebren un encuentro nacional para intercambiar experiencias, hacer un pronunciamiento a nivel nacional y coordinar posibles acciones de lucha, es un hecho de gran relevancia que acabará convirtiéndose en un hito histórico si, como parece, los movimientos y plataformas siguen proliferando desde la sociedad civil y si, encuentros como éste, siguen teniendo continuidad.

Te informaré al regreso, Nicolás.

martes, 11 de mayo de 2010

Punto y final a las misivas sobre el pacto de estado, Nicolás

Con esta, Nicolás, pongo fin a mis misivas relativas al pacto de estado. En mis anteriores cartas sobre esta cuestión, he pretendido ceñir mi crítica exclusivamente al comportamiento de las dos principales fuerzas en relación al pacto de estado y no a su política en general. Pero no cabe duda, que no he acertado en mis planteamientos, ya que en tus respuestas me has venido mezclando una cosa con la otra y eso, embarulla más que aclara. Creo, pues, que lo mejor es ponerle punto y final con esta carta a todo lo relativo al pacto de estado y, pasar a otros asuntos, Nicolás, que como dijera nuestro admirado poeta Miguel Hernández en la herejía a su amigo Ramón Sijé, tenemos que hablar de muchas cosas.


Hablando en términos generales, Nico, a mí no me han decepcionado nunca esas dos fuerzas políticas, por la sencilla razón de que siempre he esperado muy poco de ellas. Sin embargo, sí me han decepcionado en lo relativo al pacto de estado, porque la situación excepcionalmente difícil y dura por la que pasa nuestro país y sus gentes lo requería, y esperaba que en un una situción así, estuvieran a la altura de las circunstancias. Creía que ante dos crisis tan graves y de tan nefastas consecuencias, serían capaces de aparcar sus diferencias por un tiempo y hacer un pacto común, a fin de salir lo antes y lo mejor posible de la crisis, que es, por otra parte, lo que les demanda la mayoría de la ciudadanía; aunque superada la crisis, volvieran de nuevo a su exacerbado sectarismo y electoralismo y a tirarse los trastos a la cabeza como de costumbre.

No en vano, en España coinciden dos crisis a la vez, la general y la del ladrillo, que están destruyendo empleo y arruinando pequeños negocios de un modo infinitamente más masivo y virulento que en cualquier otro país de Europa, cuyo escenario exigía un compromiso unitario de ambas fuerzas a poca responsabilidad y sentido de estado que tuvieran; algo que han hecho otros países, como Alemania, a pesar de tener un panorama muchísimo menos sombrío que el nuestro. No es por casualidad, que Zapatero y Rajoy tengan la credibilidad por los suelos, según las encuestas, ni tampoco lo es, que en la última del CIS, recién salida del horno, aparezca por primera vez, Durán i Lleida como el líder mejor valorado que, -¡oh casualidad!- ha sido el primero y el único en proponer en serio un pacto de estado.

El PSOE y el PP, no sólo no han querido nunca un pacto de estado, sino que han huido de él en todo momento como quien huye de la peste, por más que fuera necesario y por más que lo demandara la ciudadanía, cosa de la que se ha dado cuenta todo el mundo, salvo la cohorte de irredentos e irreflexivos seguidores de ambas fuerzas. Tú, Nicolás, aunque no vivas el día a día de lo que acontece en nuestro país, también puedes entenderlo a poco que reflexiones sobre lo que dicen y hacen unos y otros.

Si observas la línea argumental de Zapatero desde el inicio de la crisis hasta hoy, te darás cuenta que, aparte de pueril y falsa, era rotundamente contraria al pacto de estado. En una primera fase ha estado negando la existencia de la crisis y, lógicamente, si no había crisis, tampoco se necesitaba un pacto de estado para salir de algo que no existía. Más tarde, y ante la imposibilidad de seguir negando la evidencia, se ha tirado casi dos años seguidos repitiendo como un papagayo, que al trimestre siguiente empezaríamos a remontar y claro, si estaba tan cerca la salida, evidentemente, tampoco hacía falta pacto de estado.

Y si te fijas en la otra fuerza y en su líder, Rajoy, te darás cuenta que se han convertido en los auténticos paladines del no a todo, pero sin propuestas alternativas. Te darás cuentas, que jamás ha salido de la boca de ninguno de sus dirigentes las palabras pacto de estado y que cuando a Durán i Lleida se le ocurrió proponerlo, se dedicaron a rechazarlo; primero a lo basto, diciendo que no y luego, cuando refinaron la táctica, diciendo que vale, pero poniendo como condición el que antes el PSOE rectifique su política y asuma la del PP. ¿Desde cuando un pacto se hace exigiendo a priori que una parte asuma la política de la otra? ¿Desde cuando un pacto de estado se hace poniendo la condición previa de que la fuerza que gobierna asuma por adelantado la política de la oposición? Los pactos -todos los pactos- consisten en sentarse en la mesa sin condicionamientos previos, con el espíritu de buscar aquello en lo que se pueda estar de acuerdo y de aparcar lo que no sea posible coincidir.

Ninguno de los dos partidos ha pretendido nunca el pacto, Nicolás, ninguna de las dos fuerzas ha querido anteponer los intereses del país y de la ciudadanía de hacer un gran acuerdo para salir cuanto antes y lo mejor posible de la crisis a sus intereses electorales partidistas. Los socialistas, soñaron ilusamente con que la crisis durara poco y se lo jugaron todo a la carta de salir adelante por sí mismos y de ese modo, presentarse a la contienda electoral cómo los que fueron capaces de sacar a España de la crisis, a pesar del PP que no quiso arrimar el hombro y sólo se dedicó a criticar. Y el PP, por su parte, dejando sólo al PSOE y al gobierno deliberadamente, para que se estrellen ante una tarea que les viene grande y que no pueden resolver en solitario, a fin de recoger todos los frutos del desgaste y ganar las elecciones sin despeinarse y sin contraer mérito alguno. ¡Que irresponsabilidad más grande por ambas partes! ¡Qué poca altitud de miras! ¡Qué poco sentido de estado! ¡Qué asco! ¡Que decepción más grande, Nicolás!

jueves, 6 de mayo de 2010

¡¡¡Qué decepcionante!!!

El día de ayer, Nicolás, lo he apuntado en mis notas, como el más descorazonador y decepcionante para la ciudadanía de nuestro país y, especialmente, para los que viven con más dificultades. Como el día en que el jefe del ejecutivo y el líder de la oposición hicieron todo cuanto estaba en su mano para desprestigiar y deslegitimar con su proceder el buen nombre de la política y a sus propios partidos, si es que a estos les cabe más desprestigio del que ya se han ganado a pulso.

La reunión de ayer entre Zapatero y Rajoy aconteció en medio de dos tremendas crisis, la general y la del ladrillo; en medio de una insoportable tasa de desempleo que sigue incrementándose, del cierre constante de infinidad de pequeños negocios y de otros gravísimos problemas ocasionados por la crisis; en medio de un desencanto mayoritario de la ciudadanía hacia los partidos por no unir sus fuerzas mediante un pacto de estado para salir antes y mejor de la situación; en medio de la bancarrota griega y el riesgo de que pueda suceder algo parecido en España y Portugal; en medio del ejemplo que nos dan los principales líderes políticos del país vecino, que tras el aviso griego, han entendido que deben aparcar provisionalmente sus diferencias políticas y abordar el problema unitariamente antes de que sea tarde; en medio de una credibilidad de ambos líderes políticos que está por los suelos, según las encuestas y tras dieciocho meses sin sentarse cara a cara a pesar de la que está cayendo.

Que en un contesto como el descrito, se reúnan al fin los dos líderes y que lo único que acuerden sea reformar las cajas de ahorros, sin tan siquiera sugerir ninguna de las dos partes el intentar abordar juntos los problemas de fondo del país mientras dure las crisis (¡¡¡Sin siquiera sugerirlo, Nicolás!!!), es una auténtica irresponsabilidad política, una forma descarada de echarle la espalda a lo que precisa y les viene demandando la ciudadanía desde hace tiempo; un vano intento de simular a través de un acuerdo parcial y menor, que por sí mismo no resuelve nada determinante para salir de la crisis, que tienen voluntad de pacto, o si lo quieres más claro, Nicolás, es una manera de considerarnos idiotas. Es algo así, como si alguien al que le duele una muela y, además se le ha perforado el estómago, le dijeras que no se preocupe, que vaya al dentista y que allí le solucionarán lo principal de su mal.

Lamentable, las principales fuerzas políticas de nuestro país pueden hacer prácticamente lo que quieran sin que sea fácil infligirles un castigo electoral que los desplace del poder, ya que se han dotado de resortes más que suficientes para evitarlo; entre otros, el de procurarse el sistema electoral –listas cerradas y bloqueadas- más recalcitrante de Europa, en cuyas listas nos cuelan de vez en cuando a pesebreros, sumisos y trepas que en una listas abiertas no los votarían ni los de su familia y, por otra parte, los cargos electos en la práctica no dependen de sus votantes, sino de los dirigentes del partido que los han puesto en las candidaturas y que pueden no volver a contar con ellos si no son dóciles con el partido, o el de imponer la ley D’hondt que prima desmesuradamente a las fuerzas mayoritarias y castiga al resto.

Disponen, en fin, de instrumentos suficientes como para garantizarse, que lo hagan bien o mal, seguirán repartiéndose ambas fuerzas casi todo el poder de las instituciones a todos los niveles, sin que le sea fácil a la ciudadanía conseguir un cambio en la correlación de fuerzas de dichas instituciones, por descontenta que esté y por mucho que se abstenga, vote en blanco o de su voto a otras fuerzas minoritarias. Ya les vale.