viernes, 16 de julio de 2010

Movimientos ciudadanos comarcales, sí o sí

Ando ahora muy implicado en la convocatoria de la Jornada reivindicativa de las asociaciones de la sociedad civil de la Comarca que va a tener lugar el día 11 de agosto en Molina. Esta es la causa, Félix, de que no me quede tiempo para acabar de responder a tus dudas que, en otro sentido, también yo las tengo.

Con esta carta, y salvo acontecimientos inesperados, dejo descansar el blog hasta que pase este acontecimiento, cuyos preparativos, creo yo, deben ser tarea absolutamente prioritaria para los que vivimos por aquí y nos preciamos de querer a nuestra tierra y a nuestros pueblos y de luchar por ellos. Después del día once, me tomaré una semana de descanso y volveré de nuevo a los comentarios epistolares. Aprovecho para agradecer muy sinceramente las doce mil ochocientas visitas que le habéis hecho al blog en su corta andadura, así como a los que habéis efectuado cometarios, lo cual me estimula para seguir escribiéndole a Nicolás.

Decía, Félix, que en otro sentido, yo también tengo dudas. No las tengo respecto a lo que procede hacer por ahora ante los problemas de las comarcas rurales y para que despierten sus ayuntamientos, pero sí las tengo sobre sus posibilidades de cristalización.

No tengo dudas, de que desde dentro de los ayuntamientos no es posible emprender por ahora las tareas tendentes a dar solución a los principales problemas municipales de la ciudadanía, cuya inmensa mayoría son de carácter y plasmación comarcal. No las tengo, porque veo que en general los pequeños municipios de nuestras comarcas andan ajenos a estas necesidades por más que sean inherentes a sus obligaciones actuales. No las tengo, porque no conozco ni un solo movimiento intermunicipal en España que esté tomando en sus manos la problemática de su comarca. No las tengo, porque el control político que se ejerce sobre nuestros pequeños municipios convierte a estos en meras prolongaciones de las instituciones regionales y provinciales, sin el menor resquicio para actuar con autonomía. Y no las tengo, en fin, porque en esta comarca ya lo hemos intentado desde dentro del municipalismo durante algunos años con resultado cero.

Todo lo que acabo de decir, Félix, es fuerte y desolador, lo se, pero absolutamente cierto y comprobable. Omitirlo, so pretexto de que se puedan molestar los ayuntamientos, es una blandenguería que sólo sirve para retardar el camino a tomar. Lo que sí procede en honor a la verdad, es hacer la salvedad de que también hay algunos municipios, que no se dejan domeñar por más que lo intenten los políticos desde arriba.

Y todo esto sucede, no lo olvidemos, porque el interés de los principales partidos es el de que no les compliquemos las cosas con infraestructuras, servicios y equipamientos comarcales o con leyes de financiación municipal que garanticen la autonomía de los ayuntmaientos o con listas abiertas etc., pues por más que sean reivindicaciones todas ellas absolutamente necesarias para la calidad de vida de quienes vivimos aquí, para fijar población, para el progreso y para la autonomía municipal, conllevan importantes costes que no los ven compensados en términos de votos que es lo único que les importa a los partidos. Ese es el fondo del asunto y por eso Blanco y Rajoy apuntan en la dirección de desembarazarse de nuestras reivindicaciones y de nuestros pequeños municipios.

No queda otra, pues, amigo Félix, que intentar levantar movimientos comarcales de una u otra manera desde la sociedad civil en toda la España rural interior, en torno a reivindicaciones y planes integrales que den soluciones reales a nuestras comarcas. Y será después en ese transcurrir y en la medida que se vaya creando receptividad y correlación de fuerzas a favor de esos movimientos, cuando los propios municipios se irán viendo forzados a actuar en la misma dirección y cuando los políticos que los controlan desde arriba no les quedará otra que abrir la mano a sus ediles y dejarles ponerse a favor de esas reivindicaciones, siquiera sea para no desprestigiarse por completo.

No obstante, estos movimientos, hoy por hoy, son más una necesidad objetiva, que una realidad. Existen ya algunos, sí, como Soria Ya, Plataforma Ciudadana de Zamora, Plataforma de Cuenca, Plataforma de la Andalucía Oriental o Teruel Existe, pero sus reivindicaciones –justas, por supuesto- son más urbanas que rurales y su asentamiento está principalmente en las capitales y no en las comarcas. Sin embargo, que yo sepa, movimientos rurales comarcales sólo existen dos hasta el momento en España: el de la comarca de Tomelloso y el de la nuestra de Molina de Aragón. Eso sí, tanto los asentados en las ciudades como los dos comarcales tienen en común, entre otras cosas, que están planteando reivindicaciones que son genuinamente municipales, pero de las que pasan los respectivos ayuntamientos, en vez de ponerse al frente.

No tengo ninguna duda, Félix, de que en el plazo corto la solución reside, sí o sí, en que la sociedad civil de nuestras comarcas rurales despierte, vea el panorama municipal que le rodea y asuma desde sí misma la creación de movimientos ciudadanos como el de nuestra comarca de Molina o de Tomelloso. Pero nadie podemos saber si eso va a suceder, dada la escasez de población y, por ende, de gente suficiente para crear, animar y dar consistencia a movimientos así.

Tampoco podemos asegurar nadie, si los dos movimientos ya existentes en el ámbito comarcal u otros que puedan surgir, seguirán manteniendo su pujanza por el tiempo que sean necesarios, o si por el contrario, se estancarán o desaparecerán antes de conseguir sus objetivos, ya que los mismos para tener continuidad y permanecer vivos, precisan del calor y del interés permanente de la ciudadanía donde están ubicados y, asimismo, de la disposición de bastantes personas activas que sean capaces de armonizar sus esfuerzos y ser el núcleo permanente de los mismos. De momento, y en lo que a nuestra comarca se refiere, podemos decir: que llevamos casi cinco años de existencia, que se ha hecho una importantísima labor y que las reivindicaciones han empezado a encauzarse, pero no podemos asegurar cual será su devenir. También podemos decir por experiencia, que la resistencia de los políticos a dar luz verde a los municipios que controlan y a que se pongan en la misma dirección que la sociedad civil, es casi numantina, pues aún siguen en las mismas a pesar de todo lo que llevamos andado.

En definitiva, Félix, no veo otro camino a tomar que el que te he enunciado más arriba en negrilla y en cursiva, aunque sea largo, duro y sin certezas. ¿O hay a caso otra senda más fácil? Si alguien la conoce, que lo diga. Si alguien ve otra salida y quiere contarla en este blog, no tiene más que identificarse en mi correo jeronimolorente@hotmail.com y yo le garantizo que publico todo lo que quiera escribir al respecto.

martes, 6 de julio de 2010

El camino es largo, duro y sin atajos.

Y bien, Félix y Nicolás, no creo que nos quepa otra a las comarcas y municipios amenazados por las declaraciones de José Blanco, que permanecer alerta y dar los pasos procedentes para que esas amenazas u otras semejantes no puedan materializarse nunca.

Es evidente que si un día los grandes partidos decidieran tomar la medida de proscribir los ayuntamientos pequeños, procurarían que los ediles municipales afectados no se volvieran en su contra. Si fuera ahora, se aprovecharían de que casi todos los ediles son militantes suyos y de que los tienen habituados a no hacer más política municipal que la que ellos dictan, sea o no sea coincidente con las principales necesidades de los ciudadanos que los han votado. Y se aprovecharían, asimismo, de las horas bajas por las que pasan ahora los ayuntamientos en cuanto a credibilidad y prestigio, como consecuencia de no estar atendiendo debidamente el conjunto de las necesidades locales y comarcales de los ciudadanos a los que representan

Por otro lado, tampoco hay duda, que para eliminar, desatender o no impulsar las infraestructuras y servicios que no sean rentables, o sea, los de las áreas más despobladas, como pretende el rudo ministro, tampoco cuentan por ahora con la oposición de los pequeños municipios, ya que los partidos tienen deliberadamente entretenidos a sus ediles en la política de campanario, a la vez que procuran que no se planteen que la mayoría de las necesidades de cada pequeño municipio están fuera de sus mojoneras, son de carácter comarcal e implica construir la unidad supramunicipal de los ayuntamientos en cada comarca natural para abordarlos y solucionarlos.

Problemas como los de enseñanza, sanidad, transporte, comunicaciones terrestres, telecomunicaciones, promoción del turismo, medio ambiente, apoyo a las iniciativas productivas etc. etc. sólo tienen planteamiento, concreción y plasmación en el ámbito de cada zona natural, es decir, en el de la comarca. Por lo tanto, las pretensiones de Blanco, de materializarse ahora mismo, cogerían a los pequeños municipios en flagrante fuera de juego y no serían obstáculo alguno, para llevar a cabo sus antisociales y anticonstitucionales pretensiones que, por otra parte, desdicen sus propios planes rurales de desarrollo sostenible, que tienen aprobados desde 2007

Así pues, mis queridos amigos, hoy por hoy no son los ediles de los pequeños municipios la punta de lanza contra las pretensiones de Blanco, si no la retaguardia. Quede claro que hablo en términos generales, pues también hay algunos ediles más osados/as o más independientes, que no tragan por todo e intentan hacer una política municipal digna y adaptada a lo que demanda la actual situación.

Tras lo dicho hasta aquí, tras dejar probado, creo yo, que en general los ayuntamientos no están a lo que deberían estar, que existe un gran vacío municipal respecto a las tareas que deberían estar acometiendo, me voy a ceñir a mi propia experiencia que es como mejor puedo explicar las tareas que nos aguardan en las comarcas rurales, para luchar contra la despoblación, por el desarrollo y por una calidad de vida digna, que es a la vez, el mejor antídoto para que las malas intenciones de estos personajes no puedan prosperar nunca.

Fui diez años alcalde de Adobes, empecé practicando también la política localista de campanario, entendí poco a poco que así no se iba a ningún lado y que había que abordar la política municipal de otra manera distinta a la ya caduca -incluso en el interior de cada municipio- en la que nos quieren seguir teniendo sumidos los principales partidos y, sobre todo, me fui dando cuenta que la mayoría de los principales problemas que afectan a cada uno de nuestros pequeños pueblos son de carácter comarcal y que es en ese ámbito donde deben sustanciarse. Intenté junto a algunos otros ediles de la comarca defender esa nueva política desde dentro, chocamos contra el trasnochado inmovilismo partidista y comprobamos lo estéril de nuestras pretensiones.

A partir de ese intento tan frustrante e inútil, decidí seguir poniendo mi grano de arena desde fuera del municipalismo junto a otras personas, pero por las mismas reivindicaciones que pretendíamos desde dentro y que la mayoría de los ediles no se atreven a asumir, al no respaldarlas sus partidos. Consideré que era esta la manera más útil de luchar por nuestros pueblos, al menos en una primera etapa, y creo que tomé el camino correcto.

Esta experiencia, aquí esbozada, es la que os voy a seguir explicando, amigos Félix y Nicolás, en mi carta siguiente, porque la considero positiva y, a mi juicio, válida para la mayoría de las comarcas rurales, cuya problemática es muy similar en cuanto a problemas y necesidades a resolver y, desgraciadamente, muy parecida también en lo relativo a la postura y actitud de sus municipios, que no en vano, están tutelados por los mismos partidos.
Lo que os voy a contar en la siguiente, quede claro, implica transitar por un camino largo y escacobroso, pero yo al menos, no veo otra senda, ni tampoco atajos.