martes, 28 de junio de 2011

La derrota del PSOE de Castilla-La Mancha y las largas gobernanzas


Hay veces, Nicolás, que lo que se pretende explicar no se puede entender a fondo si no es recurriendo a la historia. En ella necesito apoyarme en esta ocasión.



Primero la tesis:


A mi juicio, los ciudadanos y ciudadanas que votan siempre PSOE o los que lo votan con condiciones, más que lamentarse de que el PSOE de Castilla-La Mancha haya perdido estas elecciones, lo que deberían hacer es mirarse así mismos y... ver cuanto han podido influir en ello con su actitud acrítica y pasiva, cuando no de loas, mientras que este partido iba haciendo el recorrido de su larga gobernanza instalado en la prepotencia, el conservadurismo, el clientelismo, el tutelaje, la rutina, la desconexión con la ciudadanía y escorando más y más hacia la derecha, en vez de hacerlo desde la fidelidad a su ideario, desde la sociedad y con la sociedad, desde la humildad, con programas y medidas socialdemócratas y renovando con frecuencia sus cargos en las instituciones y en el partido para seguir mereciendo el voto de todos sus potenciales votantes.

No es menor la autocrítica que debemos hacernos, los que nos consideramos y nos sentimos a la izquierda o por delante del PSOE, por lo poco o nada que hemos hecho por ir construyendo una opción política de filosofía más próxima al 15-M, que a las maneras tradicionales, que aspirara a gobernar por sí sola o en alianza con el PSOE, en el caso de que fuera posible pactar con este partido otra política distinta a la que ahora viene practicando y si no es viable un pacto digno, manteniendo latentes las ideas y programas y luchando por conseguirlos a través de todos los demás resortes democráticos existentes.


Ahora la historia


De la historia y no de la especulación metafísica hemos aprendido, que cuando un partido lleva demasiados años seguidos gobernando, como era el caso del PSOE en Castilla-La Mancha -28 años-, se multiplican las posibilidades de que la burocracia, los intereses personales y de grupo, el protagonismo, el clientelismo, el conservadurismo, el rodillo, la prepotencia, la altanería, el considerar las instituciones como una finca propia, el alejamiento de la realidad social, el interés del partido antes que el de la gente, etc, vayan haciendo mella y deformando para mal la conducta política de las personas instaladas en los núcleos del poder institucional y, por ende, la conducta del poder mismo como tal.

Piensa si no, Nicolás, en el grado de degeneración política que alcanzaron los largos periodos de gobernanza de las democracias populares de los partidos únicos del este europeo, o el revolucionario PRI mejicano, o la Democracia Cristiana italiana, o el partido de Arafat en Palestina. Piensa, en qué importante medida habían afectado algunos de estos nocivos componentes al PP en Galicia o a Convergencia i Unió en Cataluña. Piensa también, cuantas de estas malas artes empezaron a incubarse en el PSOE y en el PP cuando gobernaron nuestro país más de una legislatura con mayorías absolutas. Piensa, en cómo andan las cosas en las largas gobernanzas del PSOE en Andalucía y Extremadura. O piensa, sin salir de nuestra provincia, en aquella larga época en la que el Conde de Romanones y su álter ego, Calixto Rodríguez, ganaban una vez tras otra las elecciones a través del clientelismo y sin programa alguno.

Demasiados datos históricos y demasiado apabullantes, Nicolás, como para no aceptar como una ley inexorable que todas las largas gobernanzas, sean del signo político que sean, acaban degenerando y arruinando los nobles fines que al principio pudieran tener los partidos que las han sustentado. No sabríamos leer la historia ni sacar conclusiones para el caso que nos ocupa, si creyéramos que los partidos políticos y sus dirigentes cayeron en la indignidad política, porque ya la traían incubada desde el principio. Nada eso, al contrario, muchas de las fuerzas que te describo, accedieron al poder por medio de las urnas, con propuestas sinceras, con inquietudes reales en sus dirigentes para conectar con el sentir de la gente y llevarlas a feliz término y con unas maneras de gobernar humildes, democráticas, participativas y respetuosas con la ciudadanía. .

Es después, a lomos de un poder que se va perpetuando más de la cuenta, cuando esos dirigentes y su política se van trasformando a peor hasta quedar irreconocibles. Es entonces, cuando el partido va dejando de verse como un medio y se va convirtiendo, poco a poco, en un fin en sí mismo. Es entonces, cuando la permanencia en el cargo político deja de concebirse como una actividad temporal y se piensa en perpetuarse y en hacer de la política el medio de vida por el mayor tiempo posible. Es entonces, cuando la fuerza de la razón, se va suplantando por la fuerza del poder. Es entonces, cuando se empieza a pensar más en el cargo y en el medre personal, que en los intereses de la gente. Es entonces, cuando se van tejiendo los enchufismos, los clientelismos y el pesebrismo. Y es entonces, en definitiva, cuando van penetrando en los dirigentes, en el partido y en las instituciones que gobiernan las malas artes políticas.

La historia no sólo prueba que las largas gobernanzas han acabado degenerando siempre a los gobiernos y a los partidos que las han practicado; si no que cuando ocurre, no son capaces de rectificar nunca desde el poder y sólo son susceptibles de regeneración cuando la sociedad los desaloja del poder y los manda a la oposición. Sin embargo, no tendría por qué ser así; debería ser posible que una fuerza política permaneciera en el poder todos los años que quisieran refrendarla los electores, sin que, por ello, tuviera que caer en las malas artes de la política.

Debería ser posible poder evitarles a los tradicionales electores de estas fuerzas la disyuntiva de no votarles por el hedor político que trasmiten o tener que votar con la nariz tapada. Debería ser posible y lo es, Nicolás, porque soluciones, hay:

Y ahora las conclusiones


Bastaría con renovar cada ocho años a lo más tardar a todos los dirigentes políticos de los partidos y con que no repitieran como candidatos a las elecciones municipales, autonómicas y generales, nadie que ya hubiese estado ocho años en cualquiera de ellas. En su lugar presentar candidatos nuevos, que no tengan otros compromisos que los de servir a la gente que representan y a su propia conciencia, candidatos que introduzcan aire nuevo e ilusiones frescas, candidatos conectados con los deseos y los intereses colectivos de la sociedad, candidatos desprovistos de los malos hábitos y manejos que se adquieren con la prolongación del tiempo en los cargos. Claro está, que esto requiere una altitud de miras que: o se imponen estatutariamente en los partidos o nunca se cumplirían, ya que pedirles que renuncien a la reelección a los cargos que en ese momento están gobernando y que además tienen mando en el partido, para que den paso a otros nuevos, es como pedirle peras al olmo. Por cierto, no he leído en el discurso del 15-M nada alusivo a cómo defenderse de las largas gobernanzas.

En definitiva, ninguna fuerza que se preocupe de cuidar su salud política y que lleve dos legislaturas seguidas en el poder, debería permitirse abordar una tercera con las mismas gentes y arrastrando las rémoras y malos hábitos, que se hayan podido ir engendrando en ese tiempo. Muy por el contrario, tendría que ser la primera interesada en renovar sus cargos con gente nueva, incluidos los del partido, que es la única vacuna imaginable, con la que impedir las tendencias políticas deformadoras, que germinan al amparo de un poder prolongado.

Por desgracia, nunca se utiliza esta vacuna, ya que se acaban imponiendo los intereses personales de quines sustentas los cargos y, quienes primero pagan el pato son los propios ciudadanos; pero lo paga también la propia política, que pierde su mejor imagen y lo paga, a largo plazo, el partido que la practica, que se deja en el camino jirones de su buena reputación difícilmente recuperables.

En este caso, la renovación que, a mi juicio, necesita el PSOE de Castilla-La Mancha es total, es de refundar el partido y las ideas, es la de darles voz y participación en las decisiones a todos los militantes y organismos del partido, es la de retornar a la humildad y a la reconciliación con la ciudadanía, escuchando sus demandas y pidiendo perdón por todas las prepotencias y altanerías exhibidas, es la de ser conscientes de una puñeta vez, que la sociedad civil y sus asociaciones también existen y que su relación con ellas ayuda a relacionarse mejor con la ciudadanía y con sus problemas, es la de hacer un programa nítidamente socialdemócrata para Castilla-La Mancha, con profundas diferenciaciones en las áreas más deprimidas y despobladas a fin de atajar los desequilibrios y no acabar con comarcas enteras, es la de jubilar a todos los que representan la antítesis de esta profunda renovación, o séase, a todos los dirigentes actuales, es la de poner gente nueva al frente del partido para que la ciudadanía pueda visualizar que hay un cambio real y, de ese modo, poder volver a ganar la confianza de todos sus potenciales votantes.

También necesitamos ese cambio en el PSOE, los que nos consideramos a su izquierda o por delante, pero de ello, Nicolás, ya te hablaré en otra carta, que hay que mucho que decir sobre este desganado y desconcertado segmento de la sociedad y, sin embago, necesario