jueves, 23 de diciembre de 2010

Controladores (y II)

Hasta tú, Nicolás, que estás lejos de España, sabes de sobra el descaro con el que vienen utilizando los controladores aéreos su herramienta de presión y chantaje a los sucesivos gobiernos. Por lo tanto, creo que estarás de acuerdo conmigo, que era la evidencia misma, que volverían a utilizarla, y todavía más a fondo, cuando el Gobierno aprobara el Decreto que daba vía libre a la privatización de AENA y quitaba o reducía a los controladores una buena parte de los privilegios laborales que, irresponsablemente, les fueron concediendo los gobiernos de turno.

Si unimos a lo anterior, el ineludible deber que tiene el Ejecutivo de garantizar el tráfico aéreo como servicio básico para la libre movilidad de los ciudadanos, fácil es comprender, Nicolás, que ni siquiera al que asó la manteca, se le hubiera ocurrido elegir la fecha de la víspera del principal puente del año para llevar el referido Decreto a la aprobación del Consejo de Ministros y, sin embargo, ese fue el día elegido.

Desde la lógica y desde el sentido de la responsabilidad, yo no soy capaz de encontrar una sola razón coherente que explique y justifique, por qué el Gobierno decide aprobar el Decreto en la fecha que más trastornos podían causarle a la población los chantajes de los controladores. No se, pues, Nicolás, de qué otros supuestos puedo partir para no dejar sin respuesta las siguientes preguntas que me hizo el otro día un amigo por mail:

¿Y por qué eligieron para llevar el Decreto al Consejo de Ministros la fecha en qué más daño podrían causar los controladores a la población, cuando es un deber inexcusable del Gobierno garantizar el tráfico aéreo? ¿O es que fue el propio Ejecutivo el que decidió deliberadamente hacer dejación de ese deber y elegir adrede la fecha mas propicia de que los controladores pudieran hacer algo gordo para que la propia población se les echara encima y fuera ella misma, quien le pidiera al Gobierno medidas contundentes contra los controladores?

La segunda pregunta es muy fuerte, la verdad, aunque a falta de respuestas coherentes, no tiene nada de ilógico que haya gente que se lo pueda preguntar. Yo mismo, Nicolás, en mi afán de hallar una explicación al por qué de un despropósito tan grande para el que no encuentro respuestas, también lo he llegado a contemplar como hipótesis, pero cuando pienso en la sucia manipulación de la opinión pública que ello supondría, me niego a admitir que un Gobierno pueda recurrir a semejante vileza.

Como ya denuncio en mi carta anterior, el Gobierno ha hecho una campaña contra los controladores sesgada. Cierta en la denuncia del chantajismo de estos desagradecidos beneficiados y falsa en la explicación de los privilegios, cuyos principales responsables no pueden ser nunca los que los recibieron, sino los sucesivos gobiernos que, irresponsablemente, se los otorgaron con el dinero público de todos.

Es evidente, que el Gobierno ha hecho esta sesgada campaña, buscando tener a la opinión pública de su lado y radicalmente en contra de los controladores, para cuando llegara el decisivo momento de privatizar AENA y de recortarles sustanciales privilegios concedidos de forma tan legal, como vergonzosa. Rechazo, por supuesto, que desde el poder se haga una campaña con mezcla de verdad y mentira, aunque no me sorprende, ni me llevo las manos a la cabeza, porque en España, desgraciadamente, las medias mentiras y las mentiras enteras forma parte del juego político. Pero me niego a pasar de ahí, me niego a admitir como probable, lo que se pregunta mi amigo en la segunda interrogante que se hace y que yo mismo también me pregunté en un momento dado, aunque desistí enseguida, por parecerme imposible que un gobierno democrático pudiera hacer algo tan maquiavélico, vomitivo e indigno. Prefiero pensar, si no encuentro razones consistentes, que es mí limitada inteligencia la que no sabe buscarlas.

Antes de concluir, quiero exponer, Nico, una hipótesis, por si la misma pudiera servir, al menos en parte, para entender de alguna manera el despropósito de la elección de la fecha. Supongamos que al elegir el día para aprobar el Decreto no se dieron cuenta de los riesgos que conllevaba esa fecha o que, incluso, dándose, no creían que los controladores llegaran tan lejos. Pensemos, por otro lado, que ese mismo día se llevaba a la aprobación del Consejo de Ministros la antisocial y dramática medida de suprimir los 426 euros a los parados de larga duración. ¿No podrían haber caído los ministros en la tentación de creer, que la polarización de la opinión pública contra los controladores, les permitía colar de rondón la impopular medida contra los parados, sin que apenas se percibiera de ello la ciudadanía y que les convenía afrontar las dos cosas a la vez?

Ya se, Nicolás, que es una hipótesis bastante enclenque, porque suponer que no fueron conscientes de los riesgos que implicaba la fecha es mucho suponer; como también creerse que los controladores no aprovecharían a fondo para el chantaje una fecha tan pintiparada e, incluso, también parece excesivo suponerle al Gobierno un miedo tan grande a tomar la medida contra parados de larga duración, como para recurrir a solaparlo con el otro indignante y polarizante acontecimiento.

Pero bueno, tenía la necesidad de exponerte esta hipótesis, aunque nada más sea para demostrarte que lo he barajado todo y que me he estrujado los sesos en intentar encontrar una explicación o algo que se le pareciera. Al no encontrarla, me queda una carta, que se parece a los programas de Iker Jiménez del IV Milenio, donde las interrogantes casi nunca tienen respuestas. A lo sumo, hipótesis cogidas con alfileres.¡Qué le vamos a hacer!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Controladores (I)


Estaba ayer, Nicolás, escribiéndote una carta sobre las carreteras de la comarca, cuando veo por la tele comparecer en la Comisión de Fomento del Congreso de los Diputados al ministro del ramo, Señor Blanco.

Me pongo a oírlo y, en un momento dado, le escucho una frase, que el noventa y nueve por ciento de los mortales no seríamos capaces de pronunciar por no estar dotados del altísimo grado de cinismo que se requiere para ello. Esta es la frase: Los controladores habían levantado un edificio de privilegios, cuyo elemento más visible era el de sus salarios desproporcionados

Claro que habían levantado un edificio de privilegios, Sr Ministro, pero no los controladores, si no Vds, que eran los que gobernaban, hacían las concesiones y firmaban los convenios al pie del texto que contenía las prebendas. Los controladores eran los que tomaban los privilegios, ciertamente; pero quienes se los otorgaban eran Vds; o para ser más precisos: Vds y el PP, que son los que alternativamente han venido gobernando al país durante más de un cuarto de siglo.
Vds y el PP o el PP y Vds -tanto monta, monta tanto en este caso- son los que han llevado a cabo año tras año esta escandalosa política de descaradas gangas a los controladores. Sin embargo, en vez reconocerlo y pedirle perdón a la ciudadanía por ello, que era lo mínimo que cabía esperar después de ver donde han desembocado las cosas, se limitan a esconder en la trastienda sus propias responsabilidades y por si no era suficiente, dan un paso más y nos dicen que han sido los propios controladores los que han levantado el edificio de privilegios. Hablo en plural, porque si bien es cierto, que ha sido el ministro quien ha pronunciado la frase, no lo es menos, que el PP la escuchó y no hizo observación alguna, y el que calla, otorga.

Sabiendo cómo se las gastan, Nicolás, conociendo cómo se tiran los unos al cuello de los otros apenas creen encontrar un motivo, resulta una auténtica desvergüenza el pacto tácito de no agresión que ambos partidos están manteniendo en esta ocasión, para ocultar sus propias responsabilidades sobre la indecente política de privilegios a los controladores que han llevado a cabo durante tanto tiempo unos y otros. No me cabe la menor duda, que si sólo hubiese estado implicado un partido en esa nefasta y arbitraria política, el otro se estaría dedicando estos días a sacar tajada electoral de ese deshonesto malhacer y magnificaría semejante irresponsabilidad hasta considerarla el origen y la causa de todo lo que está sucediendo. Pero al estar implicados ambos, era preferible esconder sus responsabilidades mutuas en la trastienda.

Este pacto tácito deja igual de mal a los unos que a los otros, pero llama más la atención en el PP por lo acostumbrado que nos tiene a sus continuas y exacerbadas críticas al gobierno y porque callar y ocultar, queda peor cuando se hace desde la oposición.

Seguiremos sobre el asunto, Nicolás, porque aparte de la presión chantajista de los controladores aéreos de la que tanto se han ocupado los medios, hay más cosas que merecen ser comentadas, aunque no estén en la línea de lo “políticamente correcto”, como es el caso de esta carta.