domingo, 24 de julio de 2011

Indignados15-M


Me recriminas, Nicolás, que no te haya dado aún mi opinión sobre el 15-M. He tardado más de la cuenta, porque quería esperar un mínimo de tiempo para ver si el trascurrir de los días iba aportando elementos de juicio que permitieran intuir cuales podrían ser sus posibilidades de futuro y en qué dirección se van orientando.


Como ya te esbocé en el mail, para mí ha sido el acontecimiento más exitoso, más oportuno y de más transcendencia desde el establecimiento de la actual democracia. Con la irrupción del movimiento y con la corriente de simpatía generada en la mayoría de la ciudadanía, se ha puesto en debate público el cuestionamiento de muchas cosas que les van muy bien a unos pocos, pero no a la mayoría social, aunque nos las estaban vendiendo como buenas para todos y cómo que era lo que procedía hacer.


De esta estampida del 15-M, sólo cabe alegrarse de forma rotunda y felicitar a quienes quieran que hayan sido los paridores de las iniciativas, que mejor que no sepamos quienes son, porque eso demuestra que los protagonismos personales los dejan en segundo plano, en contraste con la política al uso, donde los líderes de los partidos lo son todo, mientras que a las militancias se les deja el “relevante” papel de escuchar, obedecer y acudir a los mítines cuando son requeridos para llenar el recinto y aplaudir para dar la imagen de apoyo que necesita exhibir el líder cuando lo saquen por la tele.


El debate surgido desde las acampadas y extendido principalmente desde las redes sociales, ha ido implicando en él con distintos grados de intensidad a millones de personas y, a mi juicio es ya, a años luz, el debate más amplio, más vivo, más profundo, más fresco, más sincero y más libre que se ha generado en nuestro país a lo largo de su historia, con el factor añadido de que es un debate desarrollado íntegramente desde la sociedad civil y al margen de instituciones, parlamentos y partidos, como no podía ser de otro modo, ya que son ellos y su labor lo que se cuestiona.


El discurso abierto es muy extenso e intenso, pues prácticamente se está cuestionando todo: que la actual democracia es burocrática y vacía de contenido, que la participación ciudadana quede reducida a votar una vez cada cuatro años, que no haya participación directa de la sociedad entre unos comicios y otros, que debe cambiarse la antidemocrática ley electoral que está pensada para proteger el bipartidismo, que el PSOE y el PP sean dos partidos títere en manos de los mercados, que se esté apoyando a los bancos con un montón de dinero, sin siquiera exigir a cambio la fluidez del crédito, que si debe haber una banca pública, que si los precios de la vivienda siguen siendo desorbitados e inaccesibles para millones de personas, que no exista democracia en ninguno de los actuales partidos, que las fuerzas políticas, los sindicatos y la iglesia no debían recibir subvenciones públicas, que las consecuencias de la crisis se esté cargando como de costumbre sobre los sectores más débiles, que por qué no se reduce el gasto rebajando los sueldos de todos los diputados, presidentes, ministros, consejeros, alcaldes y de todos los altos cargos de las administraciones, que por qué no se suprime el Senado, las Diputaciones y los organismos que sobran en las diversas administraciones, que por qué no se prescinde de los miles de cargos de confianza o asesores puestos a dedo... y en fin, Nicolás, una retahila de cosas más, que harían interminable el párrafo.


También están a debate las alternativas, por su puesto, pero esto es harina de otro costal, porque es infinitamente más fácil cuestionar lo que no queremos, que proponer y construir alternativas sobre lo que queremos y cómo conseguirlo y más difícil aún, dentro de un movimiento diverso y heterogéneo, en el que conviven o coexisten desde personas votantes e incluso militantes de los principales partidos, que están descontentos pero que creen que las solución sigue radicando en que cambien sus partidos, hasta personas completamente antisistema, pasando por otras posturas intermedias, que no coinciden ni con los unos ni con los otros.


Suma, Nicolás, a lo anterior, que el poder lo tienen los que no desean cambiar, que no hay experiencias desarrolladas que sirvan de referencia y que al 15-M le acecharán peligros constantes desde dentro y desde fuera que intentarán entorpecer su andadura y hundirlo si es posible y te será fácil estar de acuerdo conmigo, que todavía sigue siendo un enigma el futuro de este impresionante movimiento.

Pero aún poniéndolos en la peor de las hipótesis, que el movimiento se hunda, el debate tan inmenso que han propiciado y la elevación de la conciencia ciudadana que ello supone, ya han sido por sí mismos dos logros enormes, que van a influir al menos, en que algunas cosas que se están haciendo muy mal se corrijan y tampoco sería utópico pensar, que antes o después aparecieran los frutos de tanta semilla sembrada.


En la siguiente te hablaré sobre los peligros que, a mi juicio, acechan al movimiento. Hasta entonces

domingo, 10 de julio de 2011

Sr Rubalcaba, no les tome el pelo



Ayer, Nicolás, en el Palacio de Congresos de Madrid, con un auditorio repleto de dirigentes ex-socialdemócratas como el orador y televisado a todo el país, el Sr. Rubalcaba les tomó el pelo a los millones de potenciales votantes del PSOE que, defraudados, le han echado la espalada a este partido y, a cuya recuperación del voto iba destinado el discurso que pronunció el nuevo candidato del PSOE a Presidente del Gobierno.

Sí, Nicolás, sí, les tomó el pelo, porque quien hacía ayer esas promesas, era uno de los líderes más influyentes y determinantes de los que han formado parte del gobierno que tan mal ha gestiado la crisis, que tantos desatinos ha cometido y cuyas políticas han sido las duras y puras de cualquier derecha.

En la política, como en cualquier orden de la vida, Nicolás, quien te defrauda y traiciona, quien te perjudica y te hace daño, es muy difícil que pueda volver después a recuperar tu confianza. En todo caso, si hay una sola posibilidad de conseguirlo, es reconociendo los errores con sinceridad y pidiendo perdón por la decepción producida y el daño causado.

Por eso, la única manera que tenía Rubalcaba de conseguir algo de credibilidad ante los votantes que ahora pretende recuperar, pasaba, inexcusablemente, por haber empezado haciendo una auténtica autocrítica y pedir perdón por los desaguisados que ha cometido el Gobierno –su Gobierno- en la gestión de la crisis y por la política nítidamente de derechas que ha venido aplicando. Por una política tan sumisa con los poderes económicos y financieros, como dura y perjudicial con los sectores más débiles.

Lamentablemente, Rubalcaba no hizo autocrítica alguna, con lo cual convirtió su discurso en un puro bla, bla, bla, que lejos de recuperar credibilidad en los potenciales votantes defraudados a los que iba dirigido, les ha debido sonar a verdadera tomadura de pelo.