lunes, 27 de julio de 2020

un video viral por conmovedor y ejemplarizante de un niño ecuatoriano


La imagen puede contener: una o varias personas, personas en bicicleta y exterior


Sois como niños; solemos decir peyorativamente para descalificar tal o cual acción. Este niño ecuatoriano está más que legitimado para respondernos: No me ofendan, por favor. Mejor que se lo hagan mirar Vds; los mayores de edad.

Este niño quiere tanto a su mascota, que desea su compañía hasta cuando sale de compra.

Este niño, desde tan pequeñín, está incubando un cariño hacia los animales, que pocas dudas nos pueden caber, que será contrario siempre a cualquier maltrato a estos seres vivos que, aunque no sean humanos, quieren, sienten, gozan, sufren... como si lo fueran.
Este niño, ya está adquiriendo el hábito al transporte no contaminante, que es tanto como decir, que ya empieza a incubar dentro su minúsculo ser, los mejores hábitos ecologistas y medioambientales.
Este niño, nos demuestra, a pesar de ser un “rascamiajas”,un grado tan alto de conciencia de solidaridad colectiva, ante el Covid19 que hasta le pone la mascarilla a su perrito por si las moscas; dándonos un colosal ejemplo y dejando al desnudo, sobre todo, a los más miserables e insolidarios que, a sabiendas del grado de crueldad, horror y muerte al que puede conducirles y conducirnos su irresponsable proceder, siguen a lo suyo. Siguen  con su irresponsabilidad a  sabiendas de que están siendo aliados del virus al facilicitarle que siga campando a sus anchas, causando más dolor, más horror y más muerte a la propia sociedad a la que pertenecen; entre ellos a sus propias familias, compañeros de trabajo, etc.
Este niño, de corto recorrido por la vida y poca experiencia, ya sabe, sin embargo, que prevenir es una gran cualidad humana y que nada ocurre, si  se pasa de precavido por ponerle a su querido perrito la mascarilla. Mejor ponérsela, "por si las moscas." Una sencilla cualidad de sentido común, que pareciera que todavía no hubiéramos aprendido la sociedad en general. Todxs sabemos que prevenir, aunque sea con exceso, nunca es malo, mientras que no prevenir puede llegar a ser una catástrofe. Pero ni por esas.
Si supiéramos la trascendencia de la prevención, siempre estaríamos preparados ante las grandes dificultades; siempre reaccionaríamos con la mayor antelación posible y poniéndonos en el peor de los escenarios por si sucediera. Pero como no lo somos; pues ni siquiera les hemos achacado a los políticos (a todos), que su falta absoluta prevención desde el principio hasta el final, que aún continúa, ha sido el error más grave y más imperdonable que están cometiendo. Esa imprevisión es, sin duda, la causa principal de que se sigan produciendo tantos rebrotes ahora.
Este niño, si estuviera más crecido, seguro que no iría a forofear a cuerpo descubierto por el triunfo de su equipo, ni de botellón, ni a disfrutar de la intimidad más cercana y a cara descubierta en el ocio nocturno. No, no y no. No hay solución posible, mientras no sea la previsión el eje de todo y esa rectificación ni se vislumbra. Y, entretanto, el maldito Covid19 tan contento, campando a sus anchas y causando estragos y muertes horrorosas entre los irresponsables, que después contaminan a los demás: familia, compañerxs de trabajo y todos los sitios por donde se muevan.
Este niño, tiene ya anidados dentro de sus diminutas visceritas, sus sentimientos anti “EDADISTAS” y en su cabeza no cabrá el peyorativo e inhumano “va, tampoco es tan grave, los que cascan son los viejos”, porque para él, sólo habrá seres humanos, cuya vida es igual de inalienable, querida y respetable para toda la ciudadanía, se tenga la edad que se tenga. Y si la sociedad y, sobre todo, los políticos tuvieran una conciencia semejante (prevención y gran conciencia humana sin discriminaciones) , seguro que el virus estaría mucho más descontento o puede que estuviera ya erradicado
Este niño, seguro que estará en contra del racismo y del sexismo, pero con la misma convicción también estará contra el EDADISMO, porque su excelente sensibilidad le empujará a luchar contra las tres discriminaciones sociales más grandes de nuestros tiempos.
Este niño, su enternecedor y preciso gesto, merecería que nos fuéramos planteando reconocerlo como hijo adoptivo del presente y el futuro de un planeta limpio, sano, digno, libre y justo. Un planeta que se nos va de las manos y que urge implicarse en profundidad para dejárselo reconducido a los cientos y miles de generaciones de moradores y moradoras que vengan detrás; tengan dos patas, como los humanos y las aves, tengan cuatro, como la mayoría del reino animal o tengan cien, como los ciempiés
Aunque ni siquiera lo percibamos, el ejemplo de este niño ecuatoriano nos está ayudando mil veces más a cargar nuestra conciencia de combustible no contaminante, que todos los discursos y tertulias juntos. Y es que las palabras las han prostituido tanto los políticos y sus voceros tertulianos, que se han convertido ya en el arte, sin fisuras, de la mentira. 
El sabio refrán de que "obras son amores y no buenas razones" está ya muerto y enterrado. Y sin embargo, necesitamos resucitarlo, porque mientras no lo tomemos como bandera colectiva, estaremos empujando por acción u omisión  al planeta hacia el ocaso. Y la historia nos juzgará con todo la crudeza que nos estamos mereciendo,

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