Y que quieres que te diga, Nicolás, pues que el
daño electoral que haya causado Pablo, metiendo desde hace mucho tiempo en el
debate político el hogar dónde se vive
como una de las señas de identidad de la política, ya está hecho.
Según él mismo reiteraba públicamente un y otra
vez, seguiría viviendo en Vallecas, mientras
que la “casta” vive en grandes mansiones.
No era necesario, Nicolás, ese alarde, porque
al fin y al cabo es un tema personal y privado de cada cual. Pero si se mete en ese discurso, ya digo que innecesario, y luego no se mantiene lo que se predica, ni al mayor de los inocentes le puede extrañar, que los poderosos buitres carroñeros, ansiosos de carne y sangre, se venguen con saña y reactiven sus cloacas, sus pesebreros mediáticos y tantos y tantos medios como tienen a su alcance.